El título ya lo dice todo. El punk evolucionó, por un lado, hacia la languidez atmosférica del postpunk, con Joy Division, PiL y compañía; por otro lado, hacia un ritmo aún más acelerado con el hardcore. Un ritmo, de hecho, que hará sonar lentos a los mismísimos Ramones (véase Nic Fit, por ejemplo, canción señera del hardcore, pepinazo sonoro tan breve como frenético, popularizada por la versión de Sonic Youth incluida en el Dirty). El aceleracionismo hardcore parecía transitar por la senda de la simplicidad y la crudeza sonora, mientras el post-punk se complejizaba con texturas envolventes y oscuras. Sin embargo, un grupo tan hardcore como Black Flag abrazó el caos del free jazz en The process of weeding out. El hardcore podía ser tanto o más complejo que el post-punk. Luego vendrían el post-hardcore, con grupos como At The Drive-In, y el post-punk revival, con grupos como Interpol o Editors, continuando el infinito legado del punk en la música.
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