Basta con leer un poco a Hegel para desmontar todas las teorías del contrato social. La sociedad no puede ser el resultado de un contrato, porque el contrato en sí exige la existencia previa de una sociedad.
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Ni «espíritu de sacrificio», ni «afán de superación», ni «aspiración a la excelencia». Ni ningún respeto o simpatía por tales cosas.
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