Me he comprado los Escritos históricos y políticos de Simone Weil —en los que puede leerse, entre otras cosas, textos que complementan Reflexiones sobre las causas de la libertad y de la opresión social, una de las críticas más lúcidas que se han hecho del marxismo— pero me he dado cuenta de que a la Simone Weil que yo amo de verdad es a la Simone Weil mística, la de los Cuadernos, la que no para de hablar de Dios y de la ausencia de Dios y de la belleza como prueba experimental de que la encarnación es posible.
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