Otro problema con algunos poetas es que, en ocasiones, dicen cosas totalmente absurdas, como, por ejemplo, que desgraciadamente no nos gobiernan poetas. A ver, que no se nos vaya la pinza tanto. Cualquier persona con un mínimo elemental de cordura sabe que lo cierto es todo lo contrario: menos mal que, al menos, no nos gobiernan poetas. En fin, no hace falta ser Platón para que a uno le entren ganas, cuando oye estas insensateces/demagogia de baratillo, de expulsar a los poetas de la ciudad.
PD: De hecho, lo primero que habría que hacer si la poesía se alía con el poder es echarse a temblar.
martes, 29 de abril de 2014
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