Oh, Melville, tenías que recorrer los mares para instalar al fin esa gran ballena blanca sobre tu escritorio de Pittsfield, Massachusetts, sin darte cuenta de que el mal revoloteaba desde mucho antes alrededor de tu helado de fresa en las calurosas tardes de tu niñezAugusto Monterroso, Las moscas
jueves, 18 de abril de 2013
Moscas
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
El código emocional patético de la comunicación contemporánea o El infierno de la sobresocialización compulsiva o...
El yo emocional y la desaparición de la intimidad: paradojas de la subjetividad posmoderna
-
¡Esto sí que es empoderamiento! Degustemos las palabras de la gran Danerys en Valyrio, su lengua materna: Dovaogēdys! Naejot memēbāt...
-
Ni «espíritu de sacrificio», ni «afán de superación», ni «aspiración a la excelencia». Ni ningún respeto o simpatía por tales cosas.

No hay comentarios:
Publicar un comentario