Mediante métodos naturales de inducción de lucidez mental extrema, bienestar psíquico cosquilleante, serenidad existencial, beatitud espiritual, neurorecepcción de espasmos de felicidad y de comprensión instantánea de cualquier cosa, de pensamiento pletórico de sensaciones relampagueantes inalcanzables, momentos epifánicos de acceso privilegiado e intuitivo a la Verdad incomunicable que hay que experimentar y que se agota en la duración de la experiencia, hemos mantenido conversaciones que avanzaban de bucle en bucle rumbo a lo desconocido, sorteando obstáculos, paradojas y alcanzando algunas intensas visiones penetrantes cuya exposición discursiva excede mis capacidades verbales, de la que ahora solo recuerdo que, de alguna manera, Audrey Hepburn era literalmente un ángel.
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En defensa de Bergson
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Ni «espíritu de sacrificio», ni «afán de superación», ni «aspiración a la excelencia». Ni ningún respeto o simpatía por tales cosas.

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