miércoles, 28 de septiembre de 2011
El Rey solipsista
Se sumergió en una espiral de introspección poblada por imágenes temblorosas que giraba alrededor de su cabeza avanzando uniforme e hipnóticamente y meciendo sus pensamientos hasta que todo lo humano le fue ajeno y después todas las calles de la ciudad quedaron vacías. Al atardecer, el eco de sus pasos sonaba estremecedor. De algún modo, el mundo era hermoso, la proyección de sus ideas, el reflejo de su voluntad caprichosa. Se había convertido en una especie de Rey sin súbditos. Sus dominios eran ilimitados. La única amenaza posible era, evidentemente, él mismo. ¿Quién si no le cortaría la cabeza al Rey?
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
-
He ahí a Joyce, feliz e inagotable coto de caza para mentes desequilibradas, señor del lenguaje. Tal día como hoy, un 16 de junio,...
-
Tardé mucho rato en darme cuenta de que las luces de las farolas estaban apagadas. Había algo raro, pero no sabía qué. Desde la ventana con...
No hay comentarios:
Publicar un comentario