En las tardes frías los místicos salvajes ofrecen sus pupilas extasiadas a las nubes cenicientas para ser absorvidos por lo que no existe. Se entregan con una inocencia feroz a la exploración de una nada acogedora. Se sumergen en piscinas vacías. Marionetas melancólicas. Nostalgia del no-ser. Melodías que huyen del mundo. Pronuncian la frase la cerveza es el néctar de los dioses totalmente en serio. La reflexión interrumpe la gracia de los movimientos porque fragmenta el ser, separa al yo del mundo. Sumergirse en el agua y disolverse. Pero todas las piscinas están ahora vacías.
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En defensa de Bergson
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