miércoles, 31 de diciembre de 2014
Un año más
Feliz año a todos.
PD: Se dirá lo que se quiera de Mecano, pero tienen rimas insuperables, como pitos, españolitos, bajitos. Ahí queda eso.
martes, 30 de diciembre de 2014
Furia Ciega
Una absoluta maravilla de película. No como, por ejemplo, Alphaville, esa pedantería francesa que casi se carga la ciencia ficción.
Nicolas Cage: pequeño homenaje a uno de los mayores enigmas de la cultura pop
Una de mis reglas vitales es que siempre que echen una película de Nicolas Cage por la tele hay que verla, sea cual sea. Ayer, por ejemplo, echaban la maravillosa 60 segundos, y la vi otra vez.
lunes, 29 de diciembre de 2014
La escoba del sistema, el lenguaje visto como una vieja ciudad y, por supuesto, Jayne Mansfield
Aunque de momento no lo parezca, este post trata sobre la filosofía del lenguaje de Wittgenstein. La imagen de Jayne Mansfield, lejos de ser irrelevante y/o gratuita, es absolutamente necesaria para una adecuada exposición de la misma, tal como espero demostrar a continuación.
En La escoba del sistema, la ciudad de East Corinth, Ohio, donde vive Leonore Beadsman, descansa sobre el perfil de un retrato de Jayne Manfield, debido a que su fundador, Stonecipher Beadsman II, había sido un cinéfilo bastante fanático y un urbanista amateur. Esto hace que la ciudad sea inmensamente popular entre los pilotos, que sobrevuelan la ciudad volando bajo, haciendo parpadear las luces, etc.
Sin embargo, los habitantes de la ciudad desconocen la forma que tiene. No es un dato exactamente público. La situación de los habitantes de la ciudad es análoga a la de los hablantes de una lengua. En el siguiente párrafo veremos por qué.
Wittgenstein usó varias metáforas para referise al lenguaje: una caja de herramientas, un bosque, y también «una vieja ciudad, un laberinto de pequeñas calles y plazas, de casas nuevas y viejas, y de mansiones reconstruidas en diferentes épocas; y todo esto bordeado por una multitud de nuevos barrios de calles rectas y casas uniformes».
Por tanto, lo que nos está diciendo David Foster Wallace es que el lenguaje es un laberinto que muy probablemente tiene forma de Jayne Mansfield, pero que nosotros, usuarios del lenguaje, estamos dentro del laberinto y no tenemos la suerte de poder verlo desde arriba: no somos pilotos.
Aunque East Corinth se fundó en los años sesenta. No es un ciudad tan vieja. Tal vez, y lo digo más como hipótesis extravagante y muy posiblemente absurda que como otra cosa, si tenemos en cuenta que los barrios nuevos de calles rectas y uniformes de los que habla Wittgenstein bien podrían ser los lenguajes lógicos formales, que en las Investigaciones no tiene un estatus privilegiado, sino que son uno más de los múltiples «juegos de lenguaje», y que David Foster Wallace estaba un pelín obsesionado con cómo escribir narrativa en un entorno mediático saturado de imágenes que según él constituía su medio ambiente natural, al hablar de una ciudad con forma de una estrella de cine podría estar referiéndose a la narrativa de la imagen misma, en cuanto nuevo juego de lenguaje, del que hablará posteriormente, desde un punto de vista ensayístico, en E unibus pluram: televisión y narrativa americana. O tal vez no. Quién sabe.
PD: Otra hipótesis, cuya posibilidad expuso María Serrano, la traductora de la biografía de David Foster Wallace, Todas las historias de amor son historias de fantasmas, en la presentación de La escoba del sistema en Barcelona, es que Leonore Beadsman sea ella misma una metáfora del lenguaje. Lo recuerdo porque asentí con entusiasmo desde un rincón de la sala y le hice a mi hermano, que estaba sentado a mi lado, el gesto del pulgar hacia arriba.
En la novela, Leonore Beadsman se siente «usada», y como si tuvieran «alguna especie de... función más allá sí misma». Para el Wittgenstein de las Investigaciones, el significado es el uso. Y la función más allá de sí misma lógicamente sería la función referencial. Y más aún: Rick Vigorous dice que «Leonore tiene la cualidad de una especie de juego. En su interior(...) Invita silenciosamente a jugar un juego que consiste en intentos complicados de descubrir las propias reglas del juego. Algo así. Las reglas del juego son Leonore, y jugarlo es ser jugado».
Pdro Schz El Hermoso
¿Lo de 'Pdro Snchz El Hermoso' yéndose de compras con Thais Villas y de aventuras con Jesús Calleja no es populismo? Puede que sea un ejemplo de 'realpolitik', quién sabe.
Los cráneos privilegiados del PSOE han pensado algo así como: líder al que le duela la cara de ser tan guapo+eliminación aparentemente absurda de vocales en su nombre y en su apellido+aparición en los medios no para hablar de política, ni de cosas aburridas, sino comprando cosas y haciendo gala de espíritu aventurero y luciendo una permanente e impostada Sonrisa Profesional=éxito electoral asegurado.
Los cráneos privilegiados del PSOE han pensado algo así como: líder al que le duela la cara de ser tan guapo+eliminación aparentemente absurda de vocales en su nombre y en su apellido+aparición en los medios no para hablar de política, ni de cosas aburridas, sino comprando cosas y haciendo gala de espíritu aventurero y luciendo una permanente e impostada Sonrisa Profesional=éxito electoral asegurado.
viernes, 26 de diciembre de 2014
Todo es blanco
Todas las cosas son blancas. Así sea. Amén.Marcel Schwob, La cruzada de los niños
Como pájaros que se posan esparce la nieve, que baja como langosta que salta al suelo. Admira el ojo la belleza de su blancura, y al verla caer se pasma el corazón.Eclesiástico 43, 18
El que tenga oídos, oiga lo que el Espíritu dice a las Iglesias: al vencedor le daré maná escondido; y le daré también una piedrecita blanca y, grabado en la piedrecita, un nombre nuevo que nadie conoce, sino el que lo recibe.Apocalipsis 2, 17
Es un fuego de hielo cristalino,Juan Eduardo Cirlot
es una hoguera blanca como Dios
miércoles, 24 de diciembre de 2014
Supersubmarina - Los Campanilleros
Creo que ya lo he puesto alguna vez. Hoy viene a cuento y todo. VÉNGANOS LA REPUBLICA DE LOS CIELOS A LA TIERRA, que diría Ernesto Cardenal.
PD: También dice Ernesto Cardenal, y seguramente con razón, que la expresión «mi Reino no es de este mundo» no significa que esté en otro mundo, solo que no procede de este. Eso está mejor que lo que dije yo en el post sobre asaltar los cielos.
PD2: Si aceptamos la idea zizekiana de que el cristianismo es la más atea de las religiones, pues no se contenta con afirmar que Dios no existe, sino que es una religión en la que Dios mismo muere, hemos de admitir que no hay Gran Otro y que lo que queda es el Espíritu Santo, que por supuesto no es otra cosa que el comunismo.
martes, 23 de diciembre de 2014
De gustibus non est disputandum
Después de tanta seriedad y densidad -alguno dirá que después de tantos disparates teológico-políticos sobre cielos y cosas así, aunque, al fin y al cabo, citando al maestro Sterne, «yo no soy un hombre prudente y como, por añadidura, soy un mortal que importa tan poco al mundo, lo que yo haga no tiene en realidad demasiada importancia»- conviene amenizar este blog con un post frívolo e intranscendente.
Lo que no me gusta: Mario Benedetti, Rayuela, el vino tinto y los pepinillos.
Lo que sí me gusta: Juan Eduardo Cirlot, La broma infinita, la cerveza y los berberechos.
Lo que no me gusta: Mario Benedetti, Rayuela, el vino tinto y los pepinillos.
Lo que sí me gusta: Juan Eduardo Cirlot, La broma infinita, la cerveza y los berberechos.
Asaltar los cielos
Todos sabemos que no hay nada más reaccionario que apelar constantemente a la fuerza de los hechos. Siguiendo esta lógica, aún aceptaríamos el esclavismo y el trabajo infantil como hechos irremediables, naturales, hechos gracias a los cuales la economía no se derrumba.
Aquellos que de esta forma tan radical y tan cínica apelan a una realpolitik que despojaría de su potencia transformadora a la razón y al deber, a la acción política misma, no solo no son, aunque lo pretendan y gocen de tal prestigio, realistas y pragmáticos, sino que están totalmente equivocados respecto a lo que las cosas son. Son incapaces de ver, como dirían Tiqqun, el halo de potencia que nimba lo real. Son incapaces de ver que lo real es procesual, que es cambio, metamorfosis continua y que si, en efecto, el poder y la tiranía forman parte de lo real, igualmente forma parte de lo real la resistencia a ese poder y a esa tiranía, la voluntad y la posibilidad de transformarlo.
Y no es cierto que siempre que el hombre ha querido traer el cielo a la tierra esta se haya convertido en un infierno, eso no es más que un eslogan vacuo del poder. Lo que sí es cierto es que la mayoría de la gente ha vivido el infierno en la tierra y que son los privilegiados, la minoría privilegiada, quienes les han dicho que su deber es estar quietecitos y en silencio, en su sitio, sin protestar y aceptando sumisamente su rol de parias y desheredados, no vaya a ser que su intento de cambiar las cosas abra las puertas del infierno y el orden del mundo se venga abajo.
Pero se trata de su orden, de su miserable orden, y no del orden del mundo. Y ojalá se venga abajo.
El discurso del miedo, el discurso profundamente reaccionario que no sabe hacer otra cosa que agitar el fantasma del totalitarismo y que intenta por todos los medios que sigamos agachando la cabeza, ya no funciona. Nadie se cree el cuento del fin de la historia. Nunca nos lo creímos, es verdad, pero sí que actuamos como si fuera cierto; como si la llegada de las democracias liberales fuera el Reino de los Cielos. No asaltéis el cielo, puesto que ya vivimos en él, venía a decirnos Fukuyama. Ese era el mito neoliberal que nos ha tenido hechizados, según el cual la dictadura económica y el terrorismo financiero se llamaban libertad. Una gran mentira.
El Reino de los Cielos no puede llegar, hacerse presente: está siempre, igual que, según Derrida, la democracia, por venir. De ahí que sea no solo un concepto teológico sino también, y quizas sobre todo, político. Quiere esto decir que, lejos de haber un hiato, un abismo inconmensurable, entre la tierra y el cielo, ambos están entrecruzándose constantemente, no se entienden el uno sin el otro, como no se entiende lo actual sin lo potencial. La paradójica fórmula de estar siempre por venir permite que el concepto de democracia tenga la rara capacidad de criticarse a sí mismo y de continuar avanzando en pos de sí mismo. Constituye, además, un buen antídoto contra los peligros del positivismo jurídico más grosero y contra la más necia de las tautologías, la que declara que las cosas son lo que son.
Aunque es verdad que Cristo dijo que al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios, y que su Reino no era de este mundo, lo que parece avalar la idea de que hay una estricta separación entre los dos ámbitos -idea netamente religiosa esta de la separación- y de que, por tanto, no se comunican en modo alguno, de que son totalmente independientes. Mi tesis es que esta separación es precisamente lo que posibilita que, de algún modo, los dos planos se comuniquen. Que podemos profanar, en el sentido de Agamben, esta separación.
Es evidente que, en palabras de Marzoa, «la transgresión-de-la-trascendencia es inherente a la trascendencia misma», puesto que si no «simplemente no la hay». Entonces, si esto es así, está claro que la supuesta independencia de ambos ámbitos no es tal.
Donde verdaderamente están arraigados los árboles, decía Simone Weil, es en el cielo y no en la tierra.
PD: No sé si hará falta aclararlo, pero no uso los términos de Dios, ni de Reino de los Cielos, en sentido literal. Si es que, por lo demás, pueden tener algo parecido a un sentido literal.
Aquellos que de esta forma tan radical y tan cínica apelan a una realpolitik que despojaría de su potencia transformadora a la razón y al deber, a la acción política misma, no solo no son, aunque lo pretendan y gocen de tal prestigio, realistas y pragmáticos, sino que están totalmente equivocados respecto a lo que las cosas son. Son incapaces de ver, como dirían Tiqqun, el halo de potencia que nimba lo real. Son incapaces de ver que lo real es procesual, que es cambio, metamorfosis continua y que si, en efecto, el poder y la tiranía forman parte de lo real, igualmente forma parte de lo real la resistencia a ese poder y a esa tiranía, la voluntad y la posibilidad de transformarlo.
Y no es cierto que siempre que el hombre ha querido traer el cielo a la tierra esta se haya convertido en un infierno, eso no es más que un eslogan vacuo del poder. Lo que sí es cierto es que la mayoría de la gente ha vivido el infierno en la tierra y que son los privilegiados, la minoría privilegiada, quienes les han dicho que su deber es estar quietecitos y en silencio, en su sitio, sin protestar y aceptando sumisamente su rol de parias y desheredados, no vaya a ser que su intento de cambiar las cosas abra las puertas del infierno y el orden del mundo se venga abajo.
Pero se trata de su orden, de su miserable orden, y no del orden del mundo. Y ojalá se venga abajo.
El discurso del miedo, el discurso profundamente reaccionario que no sabe hacer otra cosa que agitar el fantasma del totalitarismo y que intenta por todos los medios que sigamos agachando la cabeza, ya no funciona. Nadie se cree el cuento del fin de la historia. Nunca nos lo creímos, es verdad, pero sí que actuamos como si fuera cierto; como si la llegada de las democracias liberales fuera el Reino de los Cielos. No asaltéis el cielo, puesto que ya vivimos en él, venía a decirnos Fukuyama. Ese era el mito neoliberal que nos ha tenido hechizados, según el cual la dictadura económica y el terrorismo financiero se llamaban libertad. Una gran mentira.
El Reino de los Cielos no puede llegar, hacerse presente: está siempre, igual que, según Derrida, la democracia, por venir. De ahí que sea no solo un concepto teológico sino también, y quizas sobre todo, político. Quiere esto decir que, lejos de haber un hiato, un abismo inconmensurable, entre la tierra y el cielo, ambos están entrecruzándose constantemente, no se entienden el uno sin el otro, como no se entiende lo actual sin lo potencial. La paradójica fórmula de estar siempre por venir permite que el concepto de democracia tenga la rara capacidad de criticarse a sí mismo y de continuar avanzando en pos de sí mismo. Constituye, además, un buen antídoto contra los peligros del positivismo jurídico más grosero y contra la más necia de las tautologías, la que declara que las cosas son lo que son.
Aunque es verdad que Cristo dijo que al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios, y que su Reino no era de este mundo, lo que parece avalar la idea de que hay una estricta separación entre los dos ámbitos -idea netamente religiosa esta de la separación- y de que, por tanto, no se comunican en modo alguno, de que son totalmente independientes. Mi tesis es que esta separación es precisamente lo que posibilita que, de algún modo, los dos planos se comuniquen. Que podemos profanar, en el sentido de Agamben, esta separación.
Es evidente que, en palabras de Marzoa, «la transgresión-de-la-trascendencia es inherente a la trascendencia misma», puesto que si no «simplemente no la hay». Entonces, si esto es así, está claro que la supuesta independencia de ambos ámbitos no es tal.
Donde verdaderamente están arraigados los árboles, decía Simone Weil, es en el cielo y no en la tierra.
PD: No sé si hará falta aclararlo, pero no uso los términos de Dios, ni de Reino de los Cielos, en sentido literal. Si es que, por lo demás, pueden tener algo parecido a un sentido literal.
Cambiar el tiempo: elogio del mesianismo revolucionario como ontología de la potencia
Mesianismo, ontología y política en Giorgio Agamben, Jorge Roggero
Hay que asaltar los cielos una y otra vez y siempre.
Hay que asaltar los cielos una y otra vez y siempre.
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