Tardé mucho rato en darme cuenta de que las luces de las farolas estaban apagadas. Había algo raro, pero no sabía qué. Desde la ventana contemplaba la lluvia torrencial y los relámpagos. Un espectáculo sublime. Asistencia gratuita. Tardé mucho rato en darme cuenta de que la extrañeza provenía de la ausencia de luz eléctrica. Las fuerzas de la naturaleza, indómitas y salvajes, asaltando los prodigios de la civilización posterior al siglo XIX. Llamé por el teléfono móvil. Sin respuesta. Sin luz. Silencio. Alone in the dark. Las hojas de los árboles taparon las alcantarillas y la calle se transformó en un río. Seguí disfrutando del espectáculo. Romanticismo en plena urbe, sin hora determinada, sin precio. Un frescor rabioso. Sin televisión, sin luz. La felicidad me invadía, mi cerebro se bañaba en ríos de placer primordial. Tardé mucho rato en darme cuenta, qué extraña se vuelve la ciudad sin luz eléctrica, todo parece más peligroso y más atractivo. Llamé por el teléfono móvil otra vez, sin respuesta. Sólo en la oscuridad. Como un mono primitivo, contemplaba al dios de la lluvia con regocijo y con ganas de más. Al fin, el diluvio. Que llueva más. Quiero verlo. A hard rain. Sí, aquí y ahora, en directo. Emisión en alta definición, la mismísima realidad en directo, directamente desde ella misma hasta tus sentidos. Abro la ventana, descorro la última pantalla, el final del juego se acerca, pequeñas taquicardias de excitación... y de repente vuelve la luz, la civilización, la calma, el tedio, el ritmo de la lluvia decrece y la melodía de las sirenas de los servicios de urgencia inundan la ciudad, el orden se reestablece, apenas fue un breve lapsus, una pequeña interferencia de caos libre. Llamo por teléfono. Contesta. Está bien. No le cuento que he estado fantaseando con el fin de la civilización en pleno éxtasis romántico y delirando con los dioses de la lluvia y que la melancolía de la cueva me inunda al ver ahora la luz de las farolas.
martes, 30 de junio de 2009
miércoles, 3 de junio de 2009
Diálogos poco o nada platónicos
-Si te traspasa aún estás a salvo, si te empapa ya no hay salida.
-¿El qué?
-Ah, cualquier cosa.
-¿El qué?
-Ah, cualquier cosa.
Kantianamente sublimes
La desesperación indudablemente puede ser sublime. Cuando es una sublevación de la razón contra la razón al abrigo del tedio. Y en la boca nos queda un regusto a ceniza de tener a tantos cigarrillos por acompañantes.
Lo que quiero decir es lo que se me escapa al intentar decirlo
El retorno de lo real, la pasión por lo real, la espera de Godot, Kafka en su habitación. Lobos aullando, lobos esteparios, teatro sólo para Locos. Dostoievski frente al pelotón de fusilamiento, desnudo, a treinta grados bajo cero. Dostoievski dictando una novela a una mecanógrafa para saldar sus deudas de juego: El jugador. Mishima suicidándose ante las cámaras de televisión. El huraño Salinger. Pynchon que nadie sabe cómo es, que se oculta. Burroughs jugando fatalmente a Guillermo Tell. TEATRO SÓLO PARA LOCOS. David Foster Wallace hallado muerto, ahorcado. Dan ganas de agarrarle por las solapas y zarandearle y gritarle que por qué, ¿y David Foster Wallace nos ofrecería un pañuelo para secarnos las lágrimas, diría algo ingenioso? Un autor a quien después de leerle nos gustaría llamar por teléfono: DFW. Holden caufield, nos hacemos viejos. Esperando. Toda una red de llamadas y respuestas disparatadas: he ahí la literatura, su esencia móvil, su faz hudiza, sus pasadizos excavados en el viento. Versos condenados como los de antes y pasado mañana. Incomprensibles a veces. Feroces. Valientes. Truman Capote fascinado por un asesino viril y contado con una prosa quirúrgicamente precisa. ¿Qué decir de Humbert Humbert? Nabokov está resguardado en las entrañas. Bolaño, valiente hasta lo inverosímil, escribiendo siempre, luchando. El cerebro de Leopoldo María Panero convertido en una rosa. LMP descubriendo que la guerra más inútil es la autoafirmación del yo, que para ser posible haría falta que el otro no existiera. Palabras. Cuevas arañadas en las copas de los árboles, danza invisible resbalando por los tejados. Saltar a la pata coja para llegar a algún lugar del que querremos huir nada más llegar. Carreras de sacos, carreras imprudentes de motos, hace ya tiempo. Marcar goles. ¿Aún recuerdas los primeros cigarrillos? Sí, cómo no. ¿Que quién me ofreció el primero? No lo sé, hacíamos el tonto. ¿La primera vez? La sensación fue extraña. Buena, pero extraña. Placer y vértigo. Como pasar de pantalla en un videojuego, éxtasis por el logro realizado y expectación por el monstruo final, y ternura y tristeza y algo más definitivamente indescriptible. El monstruo final, si nos ponemos existencialistas, sólo puede significar la muerte, la muerte de verdad, sin vidas extra, la última partida con la última vida disponible. Pasar pantallas y morir. Pero que la fiesta no decaiga, a pesar del vacío y de la incertidumbre y del miedo. Respirar hondo, concentrarse, ¿cuál es la siguiente pantalla? La Nintendo de 8 bits me la regalaron por mi comunión, yo tenía nueve años y me hicieron fotos horribles vestido de marinero. Nos pasamos el día jugando, felices. Mi vecino tenía un videoconsola anterior, no recuerdo el nombre, recuerdo un videojuego hipersimple con dos palitos y una bola, un tenis digital rudimentario que nos tenía horas pegados a la pantalla, como descubridores explorando una ruta de posibilidades inéditas e insospechadas. Recuerdo que jugábamos en la habitación de sus padres. Las habitaciones de los padres imponían respeto. Uno se sentía raro estando en ellas jugando a esa videoconsola anterior a la Nintendo de 8 bits. Por las noches de pesadillas eran un refugio. Mundos perdidos. Los Niños Perdidos. Las tardes de nocilla y videojuegos. Un bollo de grasas saturadas llamado Xuxo. El Pang. Los futbolines. La piscina. La topografía de nuestra educación sentimental. Y muchas cosas más de las que no sabría hablar.
El tarado que tararea su desdicha
Piénsate como una voluta de humo surcando el universo.
Piénsate como el último trago de cerveza en el desierto.
Piénsate como el cuerpo desolado que eres en un inmenso mar abandonado dejándote llevar por los designios de las corrientes con la conciencia a punto de precipitarse en la nada acogedora y triste de una sonrisa hecha pedazos,
pedazos que flotan por la ausencia de gravedad en el silencio hermético de la nave.
Piénsate como un robot defectuoso fabricado por la Corporación El muñequito que ríe.
Piénsate como un superhéroe escondido tras la fachada de torpeza y timidez capaz de salvar el mundo pero incapaz de salvarte a ti mismo.
Piénsate como el conductor solitario que atraviesa la red de carreteras sin más destino que perderse y abrir la ventana para que salga el humo del cigarrillo y poner la música a todo volumen cuando todo estén ya durmiendo en sus camas, abrazando a sus mujeres o a sus hombres y tú continúes entregado a tu tarea indescifrable de ser refractario a todo proyecto calculado.
Piénsate como el trago más desesperado al final de la noche cuando la claridad del día te asalta como la alucinación más insospechada.
Piénsate como el lagarto al sol tumbado sobre la nieve reflectante,
como el espectro agujereado por los rayos siderales de una tormenta cósmica,
como el grito lanzado a nadie por nada desde cualquier ventana abierta una noche de verano de un año olvidado,
como la incertidumbre que nos asola a veces, cuando nos pilla desprevenidos,
como un gesto de despedida cuya imagen se queda congelada para siempre sin remedio,
como los bares preferidos que ya están irremediablemente cerrados, brumas de recuerdos borrosos,
como la portada de un disco cuyas canciones soñaste paseando de regreso a un lugar barrido por el viento.
Piénsate como un ser finito con el destino roto y tendrás al tarado que tararea su desdicha con un gesto nimbado de interferencias angustiosas esperando que algo pase de una vez.
Piénsate como el último trago de cerveza en el desierto.
Piénsate como el cuerpo desolado que eres en un inmenso mar abandonado dejándote llevar por los designios de las corrientes con la conciencia a punto de precipitarse en la nada acogedora y triste de una sonrisa hecha pedazos,
pedazos que flotan por la ausencia de gravedad en el silencio hermético de la nave.
Piénsate como un robot defectuoso fabricado por la Corporación El muñequito que ríe.
Piénsate como un superhéroe escondido tras la fachada de torpeza y timidez capaz de salvar el mundo pero incapaz de salvarte a ti mismo.
Piénsate como el conductor solitario que atraviesa la red de carreteras sin más destino que perderse y abrir la ventana para que salga el humo del cigarrillo y poner la música a todo volumen cuando todo estén ya durmiendo en sus camas, abrazando a sus mujeres o a sus hombres y tú continúes entregado a tu tarea indescifrable de ser refractario a todo proyecto calculado.
Piénsate como el trago más desesperado al final de la noche cuando la claridad del día te asalta como la alucinación más insospechada.
Piénsate como el lagarto al sol tumbado sobre la nieve reflectante,
como el espectro agujereado por los rayos siderales de una tormenta cósmica,
como el grito lanzado a nadie por nada desde cualquier ventana abierta una noche de verano de un año olvidado,
como la incertidumbre que nos asola a veces, cuando nos pilla desprevenidos,
como un gesto de despedida cuya imagen se queda congelada para siempre sin remedio,
como los bares preferidos que ya están irremediablemente cerrados, brumas de recuerdos borrosos,
como la portada de un disco cuyas canciones soñaste paseando de regreso a un lugar barrido por el viento.
Piénsate como un ser finito con el destino roto y tendrás al tarado que tararea su desdicha con un gesto nimbado de interferencias angustiosas esperando que algo pase de una vez.
martes, 2 de junio de 2009
Caminos del bosque electrónico
Halo de gestos desarraigados flotantes ingrávidos a cámara lenta atmósfera electrónica
en la radio ontológica suena un loop de interferencias y el ser se desmaya en espiral
permanecemos a la escucha un noise digital vertiginoso colapsa nuestras antenas oxidadas
en la radio ontológica suena un loop de interferencias y el ser se desmaya en espiral
permanecemos a la escucha un noise digital vertiginoso colapsa nuestras antenas oxidadas
viernes, 22 de mayo de 2009
Emitiendo
Emitir no puede ser nunca más que un medio para emitir más, como la droga. El Emisor no es humano, es el virus humano.
W. S. Burroughs.
La aceleración hipermoderna de la narración adictiva de Lost no puede ser más que un medio para acelerar más, para emitir más.
Diferir el sentido.
Lost no puede acabar (quizá ninguna narración acaba)
Lost es un dispositivo, una lógica de la narración puesta en funcionamiento más que una narración, una máquina de producir misterios consumidos globalmente. Cohesión social a través de todas las pantallas del mañana que parpadean hoy.
Los adictos a Lost podrían seguir viendo Lost toda la vida.
El drogadicto no pregunta por el sentido del acto de drogarse, quiere su dosis: el espectador quiere su dosis. Homer quiere su bo-cadillo.
Burroughs lo sabía (Burroughs lo sabe todo desde siempre, Burroughs es Jacob y el amigo de Jacob y continúa sentado ante las estatuas del tiempo mítico que será recobrado en el imposible pasado mañana). Nos encaminamos al caos, a la saturación, a la confusión (confusion!!!), al silencio.
Para llegar al silencio que ya estaba antes de todo, al caos silencioso, al caos que ya no es caos sin dejar de ser caos, caos transparente, transparencia pura destilada con caos, es necesario perderse en loops de confusión y paranoia (¿soy lo suficientemente paranoico?) por flujos verbales entrópicos que se preguntan por su sentido una tarde de noviembre bajo un cielo estrellado.
El sentido no está aquí, no somos sus guardianes sino sus merodeadores, nosotros lo producimos mientras espirales de vértigo lo lanzan afuera, no sabemos dónde está, ni siquiera si está en un lugar. El misterio y el sentido coinciden en una Afuera Absoluto, eso pensamos, nosotros, la rebelión anónima de Niños Perdidos y Mutantes Melancólicos. Pero no sabemos qué sentido tiene lo que pensamos pero nosotros somos sus proletarios trabajamos incansablemente todos los días no va a llegar ni aunque corras y escribas más rápido de lo que piensas somos los hombres-máquina que fabrican sentido y el sentido se enfrenta a nosotros como lo inhóspito.
Nuestra alienación es metafísica y algunas noches de verano describimos sentimientos que revolotean en el aire y se esconden como niñas y niños jugando al escondite en parques radioactivos bajo un cielo teñido de verde y amarillo un denso humo flota y nos envuelve.
Estamos cansados. Perdidos. La sintaxis se rompe, nos deja solos, ¿quién dijo que la ceremonia de la confusión concluiría? Concluirá, sí. Nosotros no estaremos allí. No hay el allí. El silencio final no estaba antes, te mentimos, es una ilusión que altera la realidad. Allí no llega nada. Tú eres el límite. El Límite. No hay manera de no pensar metafísicamente. El verbo nos produjo extrañeza desde el día en que nos lo presentaron. No fue un día. Surgió. Aconteció. Irrumpió. Ha estado por aquí, dando vueltas. Da vueltas. Digamos: entre vuelta y vuelta hay ilusión de progreso. Nosotros nos ilusionamos. Avanzamos. Decimos: el destino no implica necesidad, o decimos la libertad y el azar y la necesidad son lo mismo. El destino es una llamada sin sujeto. Nadie nos llama. Pero hay una llamada. De repente te despiertan y suena el móvil y vas a cogerlo y todo era un sueño. Hay sueños dentro de los sueños capas infinitas capas.
Uno se aventuró, que nosotros sepamos, eso refieren las noticias desde el fondo, fragmentos alucinados de información. Podría ser mentira. Una leyenda, que uno se aventuró.
Ah, pero entonces no había espectadores. Eso sí que eran héroes. Pero fueron héroes porque Alguien los narró. Produjo a los espectadores del futuro. El sentido se disemina porque el lenguaje es un virus. Los produjo, no nos mireis así. No entendemos muchas cosas. La espera. El verbo mirado desde cierto ángulo se escurre como los peces mutantes del pasado. Hablo de un pasado remoto en el que no había hombres, no había espectadores quiero decir. Así que nadie lo vio o quién sabe. Si los calamares gigantes nos leen la mente 2+2=4, esto es lógica. Tampoco sabemos cómo irrumpió la lógica, tampoco qué pensaban los espectadores de los peces mutantes, quizá advirtieron que esa mutación ni siquiera era el comienzo de una narración y que llegaban cuando ya había empezado (quizá estaba por la mitad, imposible saber) y que un poco más tarde hombres y mujeres serían los protagonistas de la narración.
Nada comienza ni termina. El verbo se hizo carne, dicen. Pero no es carne. Es el virus de la carne. Esto está mejor.
Usted corta una barra de pan y la identidad de su sustancia se divide, ahora tienes dos sustancias, aunque el sustantivo no cambia, sigues diciendo pan, pero ya no es el pan, es dos panes. ¿No es maravilloso? Pasamos años meditando sobre esta cuestión. Era para nosotros una cuestión técnica. Un problema a resolver. Nos dolió la cabeza y nos arrastramos por el suelo mirando estrellas. Que soledad pasamos. Pues bien, el verbo nos desveló y pasamos meses sin dormir, o mejor dicho, durmiendo poco y mal. Cuando ya era de día nos dábamos cuenta de que no habíamos avanzado nada: nos habíamos entretenido dibujando figuras en la arena, aplazando el momento. Era un momento importante y el temblor y la agitación convulsionaban nuestra carne que hervía bajo las estrellas. Dormíamos con rabia: la tranquilidad la aplazábamos también. Caíamos rendidos sobre la arena en una confusión (Confusion!!!) sin límites, monstruosa, la pura diferencia sin identidad, sin sustantivos a los que agarrarnos. Piénsenlo bien: un Universo sin sustantivos. Ansiábamos refugio metafísico. Parias galácticos, huérfanos. Siempre con una espesa mezcla de temor inabarcable y vitalidad extrema y desgarrada que nos dejaba un gusto agridulce en la boca.
En fin, cuando cortas una barra de pan estás tú, el sujeto, y está el pan, el sustantivo, del que puede predicarse que está duro, poco cocido, etc. Sus cualidades. Oscuramente presentíamos que la clave de todo era el verbo... pero no sabíamos, no acertábamos a, no... Beber, por ejemplo: el agua recorre tu garganta. Pero. Nos enfurecimos con la gramática. En vez de frases nos hubiese gustado lanzar al viento mordiscos y puñetazos y gritos y patadas.
Construir el sentido como máquinas averiadas, fuera de quicio. Nos sentimos estafados. Nada acontecía. Nada acontecía y si quitabas sujetos y predicados sólo quedaba el acontecimiento, el maldito verbo y no podíamos dejar de hablar como posesos yonquis enfermos: precipicios derrumbes aceleración entrópica verborraigica. Lo llamamos Principio de Aceleración Semántico-entrópica. Porque no podíamos dejar de llamar cosas, etiquetarlas, clasificarlas, ordenarlas. Luchando como titanes insomnes contra el caos y siendo vencidos una vez y otra: bucle infernal sin salida, loop maldito, ensordecedor, infinito.
El silencio, aspirábamos al silencio y si no había forma de logarlo íbamos a hablar hasta destruir el lenguaje.
El virus se ramificaba no importaba que nadie escuchara. Hablábamos para seguir hablando para no morir y morir era el silencio y el caos y fragmentos de meteoritos nublaban la pantalla chocando entre sí: planos de medio segundo, de menos aún, planos invisibles, velocidad terrorífica, pavor, esto ya no puede acelerarse más, la tendencia tendrá que revertir, volver al psado para comenzar el futuro.
Otra vez.
Siempre.
Llamadas de auxilio.
Dijimos: estamos solos.
Creo que no se entendió bien lo que queríamos decir.
El sentido.
Flotaba como una nube de gas aureolando la espiral galáxica. No era no estar con gente. nada que ver. Cómo nos gustaría saber expresarnos. Queremos decir: una soledad de derrumbe del Gran Otro Simbólico.
El Gran otro no existe. ¿Compartirán nuestros espectadores el marco de referencia? ¿Hay un marco de referencia? No hay cuestión, no hay tema, ésa es la cuestión, si se me permite lo paradojal de todo esto. No es esto. Estamos recorciendo el pescuezo del sentido. Ahora que el Gran Otro no existe, ¿podemos creer en él?.
-Tú llamas al Gran Otro deseando lo que no existe.
-No, yo aúllo a las estrellas y fumo un millón de cigarrillos porque el Gran otro se ha fragmentado y se ha disuelto en el torbellino entrópico que nos asola. El cadáver descompuesto de la ilustración.
-¿Qué significa eso?
Un Gran boca gigante ha soplado la nube de gas que aureolaba la espiral galáxica, creo que es hora de irse a dormir y mañana será otro día y luego otro y luego otro.
Voces desde el comunciador a ti confluyen, conducto de fragmentos de información.
El Gran Otro Fragmentado ha dejado de emitir señales, llamadas. Mañana nos arrastraremos otra vez, perdidos, acorralados. ¿Pasado mañana mereceremos un respiro? Nuestros nudillos sangrantes se perderán como lágrimas en la lluvia.
-Piensa en la nada no como una entidad negativa sino como una no-entidad positiva, como un agujero flotante en la Gran Pantalla Total a la que llaman Universo y piensa en los ojos de las estrellas vistos sin la interferencia de la atmósfera, piénsate como un satélite olvidado girando en torno a un planeta muerto. Construye el sentido en medio de la saturación mediática. El naufragio se ha quedado sin espectador.
-Nadie está mirando el laberinto desde arriba. Nos movemos y auto-replicamos como virus desplazando continuamente los límites del laberinto, trastocando su forma, mutándola.
Una nube de mosquitos. La droga es la mercancía definitiva y las grandes corporaciones han comprendido que la publicidad viral era el mejor medio de invertir los términos haciendo de toda mercancía una droga, el ciclo compulsivo del consumo y el retornar de las modas que nos pasan, dijo W. sintiendo el centro ausente de la noche al exhalar el humo dulce de la marihuaba.
W. S. Burroughs.
La aceleración hipermoderna de la narración adictiva de Lost no puede ser más que un medio para acelerar más, para emitir más.
Diferir el sentido.
Lost no puede acabar (quizá ninguna narración acaba)
Lost es un dispositivo, una lógica de la narración puesta en funcionamiento más que una narración, una máquina de producir misterios consumidos globalmente. Cohesión social a través de todas las pantallas del mañana que parpadean hoy.
Los adictos a Lost podrían seguir viendo Lost toda la vida.
El drogadicto no pregunta por el sentido del acto de drogarse, quiere su dosis: el espectador quiere su dosis. Homer quiere su bo-cadillo.
Burroughs lo sabía (Burroughs lo sabe todo desde siempre, Burroughs es Jacob y el amigo de Jacob y continúa sentado ante las estatuas del tiempo mítico que será recobrado en el imposible pasado mañana). Nos encaminamos al caos, a la saturación, a la confusión (confusion!!!), al silencio.
Para llegar al silencio que ya estaba antes de todo, al caos silencioso, al caos que ya no es caos sin dejar de ser caos, caos transparente, transparencia pura destilada con caos, es necesario perderse en loops de confusión y paranoia (¿soy lo suficientemente paranoico?) por flujos verbales entrópicos que se preguntan por su sentido una tarde de noviembre bajo un cielo estrellado.
El sentido no está aquí, no somos sus guardianes sino sus merodeadores, nosotros lo producimos mientras espirales de vértigo lo lanzan afuera, no sabemos dónde está, ni siquiera si está en un lugar. El misterio y el sentido coinciden en una Afuera Absoluto, eso pensamos, nosotros, la rebelión anónima de Niños Perdidos y Mutantes Melancólicos. Pero no sabemos qué sentido tiene lo que pensamos pero nosotros somos sus proletarios trabajamos incansablemente todos los días no va a llegar ni aunque corras y escribas más rápido de lo que piensas somos los hombres-máquina que fabrican sentido y el sentido se enfrenta a nosotros como lo inhóspito.
Nuestra alienación es metafísica y algunas noches de verano describimos sentimientos que revolotean en el aire y se esconden como niñas y niños jugando al escondite en parques radioactivos bajo un cielo teñido de verde y amarillo un denso humo flota y nos envuelve.
Estamos cansados. Perdidos. La sintaxis se rompe, nos deja solos, ¿quién dijo que la ceremonia de la confusión concluiría? Concluirá, sí. Nosotros no estaremos allí. No hay el allí. El silencio final no estaba antes, te mentimos, es una ilusión que altera la realidad. Allí no llega nada. Tú eres el límite. El Límite. No hay manera de no pensar metafísicamente. El verbo nos produjo extrañeza desde el día en que nos lo presentaron. No fue un día. Surgió. Aconteció. Irrumpió. Ha estado por aquí, dando vueltas. Da vueltas. Digamos: entre vuelta y vuelta hay ilusión de progreso. Nosotros nos ilusionamos. Avanzamos. Decimos: el destino no implica necesidad, o decimos la libertad y el azar y la necesidad son lo mismo. El destino es una llamada sin sujeto. Nadie nos llama. Pero hay una llamada. De repente te despiertan y suena el móvil y vas a cogerlo y todo era un sueño. Hay sueños dentro de los sueños capas infinitas capas.
Uno se aventuró, que nosotros sepamos, eso refieren las noticias desde el fondo, fragmentos alucinados de información. Podría ser mentira. Una leyenda, que uno se aventuró.
Ah, pero entonces no había espectadores. Eso sí que eran héroes. Pero fueron héroes porque Alguien los narró. Produjo a los espectadores del futuro. El sentido se disemina porque el lenguaje es un virus. Los produjo, no nos mireis así. No entendemos muchas cosas. La espera. El verbo mirado desde cierto ángulo se escurre como los peces mutantes del pasado. Hablo de un pasado remoto en el que no había hombres, no había espectadores quiero decir. Así que nadie lo vio o quién sabe. Si los calamares gigantes nos leen la mente 2+2=4, esto es lógica. Tampoco sabemos cómo irrumpió la lógica, tampoco qué pensaban los espectadores de los peces mutantes, quizá advirtieron que esa mutación ni siquiera era el comienzo de una narración y que llegaban cuando ya había empezado (quizá estaba por la mitad, imposible saber) y que un poco más tarde hombres y mujeres serían los protagonistas de la narración.
Nada comienza ni termina. El verbo se hizo carne, dicen. Pero no es carne. Es el virus de la carne. Esto está mejor.
Usted corta una barra de pan y la identidad de su sustancia se divide, ahora tienes dos sustancias, aunque el sustantivo no cambia, sigues diciendo pan, pero ya no es el pan, es dos panes. ¿No es maravilloso? Pasamos años meditando sobre esta cuestión. Era para nosotros una cuestión técnica. Un problema a resolver. Nos dolió la cabeza y nos arrastramos por el suelo mirando estrellas. Que soledad pasamos. Pues bien, el verbo nos desveló y pasamos meses sin dormir, o mejor dicho, durmiendo poco y mal. Cuando ya era de día nos dábamos cuenta de que no habíamos avanzado nada: nos habíamos entretenido dibujando figuras en la arena, aplazando el momento. Era un momento importante y el temblor y la agitación convulsionaban nuestra carne que hervía bajo las estrellas. Dormíamos con rabia: la tranquilidad la aplazábamos también. Caíamos rendidos sobre la arena en una confusión (Confusion!!!) sin límites, monstruosa, la pura diferencia sin identidad, sin sustantivos a los que agarrarnos. Piénsenlo bien: un Universo sin sustantivos. Ansiábamos refugio metafísico. Parias galácticos, huérfanos. Siempre con una espesa mezcla de temor inabarcable y vitalidad extrema y desgarrada que nos dejaba un gusto agridulce en la boca.
En fin, cuando cortas una barra de pan estás tú, el sujeto, y está el pan, el sustantivo, del que puede predicarse que está duro, poco cocido, etc. Sus cualidades. Oscuramente presentíamos que la clave de todo era el verbo... pero no sabíamos, no acertábamos a, no... Beber, por ejemplo: el agua recorre tu garganta. Pero. Nos enfurecimos con la gramática. En vez de frases nos hubiese gustado lanzar al viento mordiscos y puñetazos y gritos y patadas.
Construir el sentido como máquinas averiadas, fuera de quicio. Nos sentimos estafados. Nada acontecía. Nada acontecía y si quitabas sujetos y predicados sólo quedaba el acontecimiento, el maldito verbo y no podíamos dejar de hablar como posesos yonquis enfermos: precipicios derrumbes aceleración entrópica verborraigica. Lo llamamos Principio de Aceleración Semántico-entrópica. Porque no podíamos dejar de llamar cosas, etiquetarlas, clasificarlas, ordenarlas. Luchando como titanes insomnes contra el caos y siendo vencidos una vez y otra: bucle infernal sin salida, loop maldito, ensordecedor, infinito.
El silencio, aspirábamos al silencio y si no había forma de logarlo íbamos a hablar hasta destruir el lenguaje.
El virus se ramificaba no importaba que nadie escuchara. Hablábamos para seguir hablando para no morir y morir era el silencio y el caos y fragmentos de meteoritos nublaban la pantalla chocando entre sí: planos de medio segundo, de menos aún, planos invisibles, velocidad terrorífica, pavor, esto ya no puede acelerarse más, la tendencia tendrá que revertir, volver al psado para comenzar el futuro.
Otra vez.
Siempre.
Llamadas de auxilio.
Dijimos: estamos solos.
Creo que no se entendió bien lo que queríamos decir.
El sentido.
Flotaba como una nube de gas aureolando la espiral galáxica. No era no estar con gente. nada que ver. Cómo nos gustaría saber expresarnos. Queremos decir: una soledad de derrumbe del Gran Otro Simbólico.
El Gran otro no existe. ¿Compartirán nuestros espectadores el marco de referencia? ¿Hay un marco de referencia? No hay cuestión, no hay tema, ésa es la cuestión, si se me permite lo paradojal de todo esto. No es esto. Estamos recorciendo el pescuezo del sentido. Ahora que el Gran Otro no existe, ¿podemos creer en él?.
-Tú llamas al Gran Otro deseando lo que no existe.
-No, yo aúllo a las estrellas y fumo un millón de cigarrillos porque el Gran otro se ha fragmentado y se ha disuelto en el torbellino entrópico que nos asola. El cadáver descompuesto de la ilustración.
-¿Qué significa eso?
Un Gran boca gigante ha soplado la nube de gas que aureolaba la espiral galáxica, creo que es hora de irse a dormir y mañana será otro día y luego otro y luego otro.
Voces desde el comunciador a ti confluyen, conducto de fragmentos de información.
El Gran Otro Fragmentado ha dejado de emitir señales, llamadas. Mañana nos arrastraremos otra vez, perdidos, acorralados. ¿Pasado mañana mereceremos un respiro? Nuestros nudillos sangrantes se perderán como lágrimas en la lluvia.
-Piensa en la nada no como una entidad negativa sino como una no-entidad positiva, como un agujero flotante en la Gran Pantalla Total a la que llaman Universo y piensa en los ojos de las estrellas vistos sin la interferencia de la atmósfera, piénsate como un satélite olvidado girando en torno a un planeta muerto. Construye el sentido en medio de la saturación mediática. El naufragio se ha quedado sin espectador.
-Nadie está mirando el laberinto desde arriba. Nos movemos y auto-replicamos como virus desplazando continuamente los límites del laberinto, trastocando su forma, mutándola.
Una nube de mosquitos. La droga es la mercancía definitiva y las grandes corporaciones han comprendido que la publicidad viral era el mejor medio de invertir los términos haciendo de toda mercancía una droga, el ciclo compulsivo del consumo y el retornar de las modas que nos pasan, dijo W. sintiendo el centro ausente de la noche al exhalar el humo dulce de la marihuaba.
jueves, 7 de mayo de 2009
Fuga Geométrica V
El grupo de Contra-Entretenimiento liderado por las Cheerleaders Orgullosamente Deformes, Repulsivas y Violentas (CODRV) fue fundado por la bellísima Irene Valinski, algo que más tarde le sería echado en cara como algo manifiestamente inconsistente. Irene se quejó: lógicamente no es inconsistente. Desde un punto de vista lógico, quiero decir. Es paradójico. Pero paradójico no significa contradictorio. La denominación del grupo obedece a un intención política, no a una realidad empírica. A una voluntad de lucha. El mismo discurso es un elemento de nuestra lucha. Un grito solitario y apocalíptico en la larga noche de los integrados. Asumimos la alta probabilidad de nuestro fracaso, porque si alcanzar el éxito obliga a plegarse a los valores dominantes que circulan por los anuncios publicitarios, está claro que sólo lograremos, en el mejor de los casos, un éxito parcial, una pequeña subversión minoritaria, un leve brote de lava de la nueva política extática. No somos estúpidos posmodernos. Escupimos en la cara de los posmodernos, porque no encontramos un lugar más inmundo. No nos entienden, bien, cabalgamos. Que se jodan. La opción no es entre la violencia y la paz, sino entre dos tipos de violencia: la violencia del Entretenimiento y la violencia contra el Entretenimiento. La violencia de los oprimidos no es igual que la violencia de los opresores. Que es igual, eso lo dicen los opresores, claro. Los filósofos del terror, dicen. Que hipócritas. Que grandísimos hijos de su puta madre. Anoréxicas, ludópatas, mendigos, esa es la verdad de su Entretenimiento y de su sagrada libertad individual. Su sagrada hijoputez moral, su conservadurimos político barnizado de post-ideología cool. Yonkis, parados, depresivos, suicidas. Los dientes destrozados de los cocainómanos son la negación dialéctica de las sonrisas profiden. Los cuerpos anoréxicos el resultado de la lógica Special K. Por eso nos declaramos, con solemnidad y sin asomo de ironía contrarrevolucionaria, lejos de la tiranía de lo cómico, Cheerleaders Orgullosamente Deformes, Repulsivas y Violentas, dispuestas a reapropiarnos de la violencia monopolizada por los Estados y oblicuamente ejercida por la publicidad de los cuerpos danone. Sabemos que fracasaremos. No hace falta que nos lo digan. Excluidos del mundo, escupid. Y no dejeis de bailar al hacerlo.
El resto del grupo aplaudió enfervorecido. No sabían si Irene se había vuelto loca o qué, pero en ese preciso momento los sentimientos eran de identificación con su éxtasis confusamente revolucionario. Un discurso indeterminado, eso es cierto. Alguien dijo: demasiado politizado, hay humor en Acción Mutante(1). ¿Para qué luchar si vamos a fracasar? No luchar ha dejado de ser una opción, o al menos ha dejado de ser una opción neutral, dijo Irene cuando la entrevistaron en la cárcel. Los medios lograron sin problemas ofrecer la imagen de una perturbada de extrema izquierda. Irene, con tristeza, sabía que esa era la imagen de ella que iban a ofrecer los medios. Quizá no estaba tan preparada como ella se había figurado para asumir la derrota.
1. La fundación del CODRV tuvo lugar tras un visionado informal en casa de Irene de la película de Alex de la Iglesia. Por supuesto, Alex no tiene la culpa de las derivas violentas del grupo.
El resto del grupo aplaudió enfervorecido. No sabían si Irene se había vuelto loca o qué, pero en ese preciso momento los sentimientos eran de identificación con su éxtasis confusamente revolucionario. Un discurso indeterminado, eso es cierto. Alguien dijo: demasiado politizado, hay humor en Acción Mutante(1). ¿Para qué luchar si vamos a fracasar? No luchar ha dejado de ser una opción, o al menos ha dejado de ser una opción neutral, dijo Irene cuando la entrevistaron en la cárcel. Los medios lograron sin problemas ofrecer la imagen de una perturbada de extrema izquierda. Irene, con tristeza, sabía que esa era la imagen de ella que iban a ofrecer los medios. Quizá no estaba tan preparada como ella se había figurado para asumir la derrota.
1. La fundación del CODRV tuvo lugar tras un visionado informal en casa de Irene de la película de Alex de la Iglesia. Por supuesto, Alex no tiene la culpa de las derivas violentas del grupo.
miércoles, 6 de mayo de 2009
Fuga geométrica IV
Pablo pablito se clavó un clavito. Se lo decían cantando, para fastidiarle, pero muchas veces se equivocaban y por tanto el efecto de la burla no sólo quedaba desactivado sino que se volvía en contra del burlador; el burlador burlado agachaba la cabeza y fijaba los ojos en el suelo del patio de recreo y entonces Pablo incluso llegaba sentir cierta lástima por su estrepitoso y vergonzante fracaso, pero tampoco podía acercarse a su lado y darle una palmada en el hombro y decirle que no pasaba nada, porque, al fin y al cabo, había intentado burlarse de él y humillarle cantando el trabalenguas al que desgraciadamente se prestaba su nombre, y la intención es lo que cuenta; no obstante, empatizaba lo suficiente con aquel chico sucio y marginado socialmente que había intentado escalar posiciones en el complejo ránking de popularidad del microcosmos axiológicamente confuso que representa el patio del colegio arriesgándose a cantar el complicado trabalenguas como para no lanzarle piedras a su raquítico cuerpo de colegial acomplejado. Las batallas de piedras eran habituales. Pablo, en la medida de lo posible, intentaba escabullirse y no participar en ellas, pero todo el mundo sabe que hay situaciones de las que sencillamente no es posible escabullirse, situaciones en las que ni el más redomado pacifista podría evitar la necesidad de luchar. Hay que pelear y entonces más vale que tengas reflejos y un mapa mental del patio señalado con cruces en los escondites clave y buena puntería y rapidez para escapar a los gritos de retirada. Una vez casi se desmaya al ser golpeado en el ojo izquierdo con una piedra de tamaño mediano, pero esa vez le dieron sin querer, ni siquiera se trataba de una batalla. Alguien tiró un piedra contra una farola estando sentado en la hierba del parque y Pablo frenó su bicicleta en el momento justo, cortando la trayectoria ascendente de la piedra.
martes, 5 de mayo de 2009
La tierra no es un satélite artificial creado por seres extraterrestres
El viajero del espacio aterrizó asustado sobre el desierto de Sonora(1) y salió de su nave mirando hacia todas las direcciones. Los restos de la batalla entre La Tierra y los Platillos Volantes(2) yacían desperdigados aquí y allá(3). Se sintió solo. Se quitó su traje espacial y dejó que el mortal oxígeno acabara con su vida.
1. Este desierto se cita tres veces, a lo largo de las primeras 427 páginas de La Broma Infinita. Todavía no he leído más, así que quizás se cite más veces en total. La utilidad de este dato aparantemente es nula, pero podría, por ejemplo, ser la última pregunta de ¿Quieres ser millonario?
2. Película de ciencia-ficción no excesivamente interesante: vienen los Platillos Volantes, luchan contra la tierra. Cumple lo que promete, eso sí.
3. No es probable que los restos de la batalla acabaran en el desierto de Sonora. La batalla se libra entre los edificios emblemáticos de EEUU, que quedan destruidos: el mayor atractivo de la película son los efectos especiales terriblemente desfasados, para quien guste de esa delicatesen retro, claro. Hay quien opina que la amenaza de los extraterrestres destructores en este tipo de películas representa la paranoia anti-comunista de los estadounidenses durante la guerra fría. Es posible. Respecto a esta lectura, señalamos que un significativo porcentaje de personas(a) contestan que si la Tierra Media fuese Europa, Mordor sería Rusia.
a. Hasta el presente, y que sepamos, a este tipo de preguntas sólo responden personas (y no todas)
1. Este desierto se cita tres veces, a lo largo de las primeras 427 páginas de La Broma Infinita. Todavía no he leído más, así que quizás se cite más veces en total. La utilidad de este dato aparantemente es nula, pero podría, por ejemplo, ser la última pregunta de ¿Quieres ser millonario?
2. Película de ciencia-ficción no excesivamente interesante: vienen los Platillos Volantes, luchan contra la tierra. Cumple lo que promete, eso sí.
3. No es probable que los restos de la batalla acabaran en el desierto de Sonora. La batalla se libra entre los edificios emblemáticos de EEUU, que quedan destruidos: el mayor atractivo de la película son los efectos especiales terriblemente desfasados, para quien guste de esa delicatesen retro, claro. Hay quien opina que la amenaza de los extraterrestres destructores en este tipo de películas representa la paranoia anti-comunista de los estadounidenses durante la guerra fría. Es posible. Respecto a esta lectura, señalamos que un significativo porcentaje de personas(a) contestan que si la Tierra Media fuese Europa, Mordor sería Rusia.
a. Hasta el presente, y que sepamos, a este tipo de preguntas sólo responden personas (y no todas)
Fuga Geométrica III
Pablo siguió hablando, haciendo caso omiso de las miradas francamente hostiles que dirigían contra él y de los bostezos y de los gestos de asombro o de incredulidad que expresaban muy elocuentemente un deseo imperioso de que por favor se callara de una vez, diciendo que estaba más o menos claro que existía una conexión más o menos evidente entre los movimientos y tensiones de la geopolítica mundial y el desarrollo tecnológico, porque el desarrollo tecnológico se conectaba a su vez con el desarrollo económico y que lo que no estaba tan claro era que el último grito tecnológico fuera el más eficiente, y que la eficiencia era el valor por antonomasia asociado a la tecnología y que a él, por ejemplo, le parecía más eficiente un reloj de cuerda, al que hay que darle cuerda, por supuesto, hay que acordarse de darle cuerda, eso es cierto, pero que desde el punto de vista de la autonomía energética, piedra de toque de todo el revuelo geopolítico, pues qué quería que les dijera, que era más eficiente y más inteligente porque empleaba la fuerza motriz humana para funcionar, y que la producción de obsolescencia planificada era una estratagema, o una necesidad, eso también puede ser, de una economía que pivota sobre el consumismo, columna vertebral o espina dorsal, como cada cual prefiera, cada uno es cada cual, de nuestras vidas, de la formación de nuestras identidades o subjetividades, no hay tiempo para sutilezas y diferenciaciones precisas, no ya simplemente alienadas sino confudidas con nuestra alienación hasta el punto de que querer separarlas se vuelve un ejercicio ilusorio más propio de tiempos remotos o pretéritos, y que entonces qué hacemos, eso sí que no está claro en modo alguno, está oscuro y turbio, todos vamos en el mismo barco, esa metáfora ya la usaba Sófocles, ni más ni menos, cuyos libros, por cierto, son auténticamente sagrados, la interpretación de Hegel de la esencia de la tragedia es muy interesante, ahí se ve también la esencia de la dialéctica, pensada como tragedia, no se trata de que se opongan dos verdades igualmente válidas, la única verdad es la contradicción, el conflicto, la verdad en sí misma es pura tragedia, y el ser es tragedia y por lo tanto la verdad de nuestras vidas es la tragedia, y si pasamos de Hegel a Nietzsche veremos que o somos capaces de afirmar la tragedia, de decir sí a la vida, aunque sea difícil, o somos capaces de bailar y danzar y ensanchar nuestra voluntad de potencia, que no es otra cosa que nuestra capacidad de obrar, o que bueno, pues nos vamos a la mierda, así de claro, sin medias tintas, eso es en el fondo lo que quiero decir, que la vida es como una tirada de dados, a unos les toca un seis, a otros un uno, bien, cada uno avanza lo que le toca en la partida, tú sólo tiras los dados, esto no suena muy bien, no sé, ¿pedimos más cerveza? y si a los que les toca un uno se unen y van a por los del seis por ser unos auténticos hijos de puta pues que bueno, eso también forma parte de la partida, bien, voy a salir un rato a la calle, me estoy mareando, aunque, claro, Nietzsche no es dialéctico, bueno, da igual, salgo un rato.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)
-
He ahí a Joyce, feliz e inagotable coto de caza para mentes desequilibradas, señor del lenguaje. Tal día como hoy, un 16 de junio,...
-
Tardé mucho rato en darme cuenta de que las luces de las farolas estaban apagadas. Había algo raro, pero no sabía qué. Desde la ventana con...